La experimentación animal consiste en probar productos en animales antes de comenzar a probarlos en humanos. Se da en el campo de la medicina, en el área militar, en la industria cosmética, los maquillajes, productos de higiene personal y de uso doméstico.

Cada año se utilizan más de 100 millones de animales para testeo de productos, entre los que se incluyen peces, hurones, gatos, perros, primates, zorros, aves, hamsters, conejos, cerdos, vacas, ovejas, reptiles, ratas, ratones, pájaros y ranas.

Durante las pruebas se somete a los animales a parálisis, adicciones, enfermedades, quemaduras, descargas eléctricas, privación de agua y comida, sustancias que irritan la piel y los ojos, extirpaciones, ingesta de sustancias tóxicas, temperaturas extremas y radiación.

beagles

Estos animales se obtienen de criaderos del propio laboratorio, de criaderos externos que abastecen a varios centros de experimentación o son substraídos de su medio natural.

Pregúntele a los científicos por qué experimentan con animales, y le responderán: “Porque son como nosotros”. Pregúnteles por qué es éticamente correcto experimentar con animales y le contestarán: “Porque los animales no son como nosotros”. La experimentación animal descansa en una contradicción lógica.

Charles R. Magel - Profesor de filosofía

Sus vidas transcurren en jaulas estériles en las que casi no pueden moverse, y sólo las abandonan al ser sometidos a crueles experimentos, luego de los cuales, si sobreviven, son asesinados.

mono

Cada año en los Estados Unidos más de 125,000 primates son confinados en laboratorios donde sufren de maltrato para después ser asesinados en experimentos invasivos, dolorosos y aterradores. Son seres sensibles e inteligentes que comparten muchas características tanto biológicas como psicológicas con los humanos. Son estos mismos atributos, los que los convierten en blancos perfectos para los científicos que los tratan como si fueran piezas desechables de equipo de laboratorio.

Laika

laika

Laika, la primera astronauta, era una perrita callejera de Moscú que había nacido en 1954. Cuando fue capturada por el programa espacial soviético en 1957, pesaba 6 kg y tenía 3 años. Fue llevada al centro de entrenamiento donde tuvo que soportar estar en espacios reducidos en una cápsula, ruidos altos, grandes vibraciones y aceleraciones enormes de los despegues. Cuando embarcaron a Laika, sabían que nunca más la volverían a ver.